Jornada de inversión laboral francesa

Durante los años 90 se puso de moda la semana laboral de 35 horas. No había sindicato, profesor universitario, político progresista o columnista “comprometido” que no la demandase. Pese a que se había demostrado una y otra vez la falsedad de sus planteamientos, se volvía a recurrir al tópico acuñado en los inicios de la revolución industrial de que las máquinas acabarían con el trabajo humano, al ser este una cantidad fija, escasa y que convenía repartir.

Aquellos que la criticamos en su momento fuimos tachados poco más menos de esclavistas, y acusados de que si por nosotros fuera obligaríamos a la gente a trabajar 20 horas al día. No se aceptaba la noción de que el trabajo es fruto del ingenio humano, que es la única forma de riqueza innata con la que nacemos, y que por lo tanto limitar nuestra capacidad para vender nuestro trabajo cómo, cuándo y al precio que queramos es limitar nuestra capacidad de generar riqueza para la satisfacción de nuestras necesidades y de ser libres.

Hubo países que fueron incluso más allá del planteamiento teórico de las 35 horas y las implantaron de manera coactiva. No importaba que hubiese empleados que quisiesen trabajar más para ganar más. Tampoco se pararon a considerar la influencia que esta limitación iba a tener en las empresas, a la hora de ofrecer bienes y servicios a la clientela, ni del posible aumento de costes derivado del hecho de tener que contratar más personas, pagar más impuestos y enseñar a más gente y limitar los horarios de atención a la clientela. No se acudió a la historia, donde se demostró que los países que habían adoptado previamente medidas de limitación del horario de trabajo para paliar la crisis del petróleo habían fracasado. Para la clase política el trabajo era escaso y había que repartirlo. Analizar la causa de dicho desajuste entre oferta y demanda no era importante.

Las medidas que adoptan los órganos legislativos sobre la economía no tienen efectos inmediatos, pero siempre terminan por aparecer. Hoy en día los efectos de dicha medida  en los cursos Inem Madrid ya son patentes para todo el mundo. Hasta en las tiras cómicas se comenta el éxito de la jornada laboral francesa de 35 horas.